Cómo se llega del guion al dibujo (contado por un dibujante)

Mis saludos y disculpas a todo aquel incauto que pase por este artículo buscando la panacea del dibujo y de la transcripción gráfica de un guión. Desconozco el motivo por el que me han ofrecido este artículo y si lo que voy a explicar será de la más mínima ayuda a quien ande buscando respuestas; yo no puedo más que exponeros de la forma más gráfica y honesta posible aquello que me han pedido que os cuente: cómo afronto yo una página, y sobretodo, cómo la afronto desde distintos tipos de guión, y es lo que pretendo hacer, con varios ejemplos.

Me llamo Román, por cierto, y aunque apenas he publicado unos 6 cómics (la mayoría de escasa repercusión), a mis espaldas hay cientos de páginas de proyectos acabados o inconclusos, de historias cortas para concursos y demás que me han hecho acumular mis propios métodos para según qué tipo de proyecto (que por otra parte, dudo que difieran demasiado de los de cualquier dibujante). Así, yo diferencio en mi trabajo diario entre al menos 3 tipos de proyectos:

Páginas de muestras para editoriales USA (generalmente superhéroes)

Aunque el esquema básico es prácticamente el mismo en cualquier modalidad de cómic en que me mueva (comienzas con un layout que traslade al papel el texto del guión, luego lo pasas a limpio en un formato y papel óptimos para lo que vas a necesitar, y la cadena sigue su curso…) según qué tipo de página vaya a hacer y para qué, hay una serie de variables.

En este caso, mi objetivo es que un/a editor/a americano, que publica cómics de superhéroes y está acostumbrad@ a moverse entre grandes dibujantes, se fije en mi trabajo.

Para ello organizo un portfolio con varias historias, a ser posible con personajes de la editorial, de apenas 3 páginas más portada cada una. Tanto si uso un guión propio como si recurro a guiones de otros guionistas (ya publicados, previamente, importante), la estrategia es concentrar en esas 3 páginas que durará la historia todo lo que quiero mostrar, preferiblemente con su principio, nudo y desenlace, con una narrativa correcta y fluida y que potencie lo que pretende transmitir.

Si es una escena de acción, esto será lo importante, buenas peleas, juegos de cámara, etc… Si se trata de una escena cotidiana, de conversación entre varios personajes, procurar cuidar muy bien la narrativa o la colocación de bocadillos, que sea inteligible aún sin diálogo y, que muestre distintas expresiones faciales, por ejemplo empezando la conversación en un tono desenfadado y llevándola progresivamente hacia una discusión, y viceversa; pero sobretodo, que a pesar de ser una escena cotidiana, una conversación… No-Resulte-Aburrida.

En cualquier caso, las principales diferencias de este tipo de páginas, en relación a otro tipo de proyectos, es que suelo usar un estilo más “realista” y detallado, pero sobre todo, que estas páginas tienen la finalidad de intentar proporcionarme un trabajo como dibujante (única y exclusivamente), para lo cual, estas páginas se quedan en el proceso de dibujado a lápiz, por lo que estos lápices (o este acabado a lápiz) han de ser más exhaustivos que en otros casos, ya que, además de servir de escaparate de lo que puedes ofrecer, he de contar que en mi día a día, trabajando de dibujante en una editorial de estas características, esos lápices los va a tener que entintar otra persona y, por tanto, deben estar bien claros todos los elementos dibujados para evitar problemas o sorpresas y que el resultado final tras la intervención del entintador sea lo más fidedigno posible.

Como muestra, aquí va una página de layout en Din-A 4 (1) de una historia corta de muestra sobre Daredevil para Marvel (sobre un guión de Mark Waid).

como se llega del guion al dibujo
(1)

Y, a continuación, la página terminada a lápiz en Din-A 3 (2).

llegar del guion al dibujo
(2)

Historias cortas para concursos y certámenes.

Aunque hace un par de años que estoy desconectado de esto, he hecho muchas historias de este tipo, las cuales requieren una extensión máxima de 4 páginas, cuando no de 2.

Para este tipo de historias, suelo centrarme en escenas de denuncia social, historias dramáticas o a menudo también divertidas, pero generalmente escenas cotidianas del día a día.

En estas historias cortas suelo prestar gran atención a cómo se desarrolla, a la narrativa y sobre todo, que el desenlace sea atractivo, ya que suele ser el punto fuerte de este tipo de obras.

Hablamos de historias autoconclusivas de cuatro páginas en las que no tienes 50 más para explayarte tanto en el argumento como en la presentación de los personajes ni para lucirte con el dibujo; tienes que reducir al máximo los elementos imprescindibles y concentrarlo todo, logrando que la historia se entienda correctamente y que tanto su principio como su nudo y sobretodo el desenlace tengan su espacio y respiren correctamente.

Personalmente, encuentro este ejercicio de contar historias cortas y auto contenidas uno de los más complejos y difíciles de perfeccionar.

Proyectos de historias largas

Por último, y aquí entraré por fin en la materia que, imagino, estáis esperando ya que nos encontramos en Escribiendo Cómics, que es cómo me enfrento a distintos tipos de guiones.

El tercer tipo de cómic en que me suelo mover, o la tercera rama, serían los proyectos, bien sean 5 ó 6 páginas de muestra de un proyecto que quiera publicar y que se incluirán en un dossier que vagará por el éter en busca de editoriales que les presten atención, o bien se trate de un proyecto que sí va a completarse porque tenga su edición asegurada.

Hasta hace dos o tres años, mis dossieres habían sido única y exclusivamente sobre guiones propios; no ha sido hasta estos últimos años que he empezado a asociarme con otros guionistas, generalmente mucho más dotados que yo para esto de contar historias; a pesar de que esto es reciente, he podido trabajar con pocos guionistas, pero con formas de trabajar completamente distintas, lo que me ha ayudado a tener una visión bastante global en relativamente poco tiempo.

Aunque, generalmente, el trato y la relación con los guionistas suele ser buena, sí me ha tocado algún hueso duro de roer; guionistas que, generalmente no vienen del mundo del cómic, bien porque esa era su primera incursión en el mundillo, bien porque venían del guión cinematográfico, y que no están familiarizados con la narrativa visual del cómic, su lenguaje gráfico, o sencillamente, con el espacio finito que te proporciona una página o una viñeta.

Guionistas que estáis empezando, permitidme un consejo: si el dibujante tiene más experiencia que vosotros en el lenguaje comiquero, estad abiertos a sus sugerencias; no siempre serán acertadas, pero aprenderás, por ejemplo, que la acción que a ti te ha ocupado apenas una línea de guión, tal vez quien lo dibuje necesite 3 viñetas para plasmarla, o que si ya tienes 6 viñetas en una página, añadir otra con personajes en tres niveles de profundidad, con un diálogo de tres líneas y en el que quieres que se lea la etiqueta de la cerveza que se están tomando los del fondo, igual no es, sencillamente, posible.

Por suerte, en estos casos, aunque me ha costado lo mío, al final he podido hacerles entender cuándo había demasiada información o hemos logrado llegar a una solución intermedia.

Pero también hay casos en que, como si de una relación amorosa se tratase, directamente hay química, lo notas, sabes que congenias con el/la guionista, y que no os va a ser difícil entenderos o exponer las distintas visiones de la página que afrontáis; cuando eso ocurre y empieza a haber confianza entre ambos y el guionista sabe que vas a resolver la página lo mejor que sepas, aunque tengas que alterarle cosas se acaba creando una sinergia creativa verdaderamente fértil en la que la visión de uno se nutre de la del otro y el proyecto crece más allá de lo que había originalmente en la cabeza de quien escribió la primera línea.

En cuanto al tipo de guión, cada guionista tiene sus métodos y cada dibujante sus preferencias. Hay quien te pasa el guión de la obra “cerrado”, y en cada página, la división de viñetas, el tipo de plano, y a veces hasta te hace un croquis con la esperanza de que acabes “dibujando bien” lo que él no ha sabido.

A mí, personalmente, quizá porque hasta hace poco trabajaba conmigo mismo, de forma muy similar, encuentro como mi guión ideal aquel que me da la información básica de las acciones que ocurren en la página y los diálogos, pero más cercano al guión literario que al técnico, en el que yo decida qué cantidad de viñetas le doy a cada escena, qué planos, qué ritmo.

Esto no suele ser habitual, pero no me supone ningún problema, ya que, aunque los guiones con que suelo trabajar sí están divididos en viñetas y algunas viñetas (no todas) vienen con especificaciones de cómo el guionista se la imagina (que si una viñeta que ocupe ¾ de la página, o un plano en contrapicado…) cosa que me parece genial, habitualmente no suele haber demasiadas pegas con que altere estas especificaciones.

La primera página que hice con Roberto Corroto para “1937: La Toma de Málaga” acabó teniendo una distribución directamente inversa a la que él me describió, cambiándole la primera viñeta por la última y cosas así; esto se repitió en gran número de las páginas de este cómic, pero Roberto, que es un bendito, lejos de mandarme al carajo, las aceptó casi todas de buena gana.

Por ejemplo, y ya que hablamos de Roberto, él trabaja casi al ritmo del dibujante. Así como lo habitual, según tengo entendido, es que un guionista te pase un guión cerrado, independientemente de que tú vayas sugiriendo cambios, Roberto me pasaba las páginas independientes según las iba terminando.

Esto tiene sus pros y sus contras. Contra: por más que tú sepas más o menos qué va a pasar en el cómic, no tienes una visión detallada, y si no te lo dicen de antemano, no sabes si un personaje debería llevar la escopeta ya porque luego la va a necesitar o si la chaqueta tan chula que has diseñado para la protagonista ha sido una pérdida de tiempo porque no la va a llevar a partir de la tercera página.

Pros: En mi opinión, el proyecto se enriquece más, en la medida de que, al no estar cerrado el guión con todas las páginas ya comprometidas, puedes sugerir escenas nuevas, y dedicar una página a ellas, lo cual te implica mucho más en el proyecto.

Personalmente me siento tan cómodo así como con la forma más tradicional; cuanto menos, es divertido intercambiar estilos de guión.

De modo que si este artículo ha de servir para algo, espero que sea para que la nueva hornada de guionistas venga desprovista de egos, de superioridades (por suerte, no me he topado aún con ninguno que adolezca de estos atributos), y que sea generosa, abierta a las necesidades y sugerencias de su compañer@ de andanzas (sin olvidar a entintadores, coloristas y rotulistas, que no es descabellado que tengan sugerencias sobre si intercalar estas dos escenas, cromáticamente va a desembocar en un desastre de página en términos de composición de color, o si en esta cajetilla de pensamiento hay demasiado texto para el tipo de fuente que habéis elegido), sin tener, eso sí, que acabar claudicando ante lo que te sugiera sin argumentación alguna, sin que te haya convencido de que realmente es el mejor camino, o sin tener que aguantar los egos, que por desgracia también tenemos algunos dibujantes.

Como último método de guión, os hablaré del que uso yo, pero claro, esto solo sirve para guisárselo y comérselo uno mismo, ya que gran parte de lo que debería ser guión la desarrollo en la fase de layout. Me hago un esquema de las cosas que pasan en el capítulo (ya no en la página) y quizá, si algunos diálogos los quiero tener bien detallados de antemano, y a partir de ahí, hago el resto en la fase de layout, abocetando en sucio la disposición de viñetas y escenas.

Pero en todos estos casos, el proceso es el mismo, con la salvedad de que, cuando trabajo con guiones ajenos, cada proceso lo someto primero a aprobación.

Primero un boceto sucio en A4 para acordar que la distribución de viñetas, la narrativa de la escena, la posición de los elementos y bocadillos están correctamente; acto seguido paso al dibujo en A3, que acaba siendo un boceto detallado más que un dibujo limpio perfilado como en el ejemplo del portfolio USA (2) por la sencilla razón de que generalmente me entinto a mí mismo, por lo que no necesito que cada línea esté perfectamente trazada para que un entintador siga mi pauta y tengo que economizar tiempo y esfuerzo para cumplir los deadlines.

Una vez el guionista aprueba esta fase, paso a entintar -pausa para advertir a guionistas despistados: si cuando el dibujante os pasa la página a lápiz previa al entintado, no os pilla bien para examinarla con detenimiento, contestad cuando la hayáis escudriñado bien, no seáis cabrones de dar el ok y luego, una vez entintado, pedirle que haga cambios (me ha pasado, y más de lo que sería razonable) y, dibujantes del mundo, no dejéis que se os suban a la chepa, si el guionista no examina debidamente lo que le pasas cuando toca, luego que no te venga pidiendo cambios porque “se le había escapado eso”; una vez, dos, puede pasar, pero que no se convierta en una norma o te prometo que acabarás sufriendo con esa colaboración-.

Tras el entintado, escaneo la página, la retoco y meto el color y la rotulación, ya que habitualmente suelo encargarme yo de todo.

Por último, y antes de que se me olvide, dejadme que les ponga un altar a esos guionistas que te facilitan la tarea acompañando la descripción de la viñeta con imágenes a modo de documentación, haciendo más sencilla una labor que yo consideraba parte del trabajo del dibujante.

Es cierto que, a pesar de que yo busque igualmente documentación visual y referencias aunque ya me la haya proporcionado el guionista, quizá por deformación profesional o porque necesite tener una imagen más global de lo que voy a dibujar, esto ayuda mucho, ya no solo al facilitarle el trabajo al dibujante, sino quizá a que el guionista pueda expresar mejor aquello que intenta hacerte entender.

Por supuesto, esto es totalmente opcional, y son igual de válidos y no por ello menos trabajados los guiones que no incluyen imágenes (quizá más en algunos casos, al no tener una imagen que apoye lo que el guionista está describiendo).

Y una vez repasados estos tipos de guiones y formas de trabajar, dejadme que os ponga un par de ejemplos sobre cómo resuelvo una página de un proyecto.
En primer lugar, tenemos el layout (3) de la primera página de la última historia de “Sangre en el Suelo”, con guión de Fernando Llor.

llegar del guion al dibujo
(3)

Las variaciones con la página a lápiz (4) son escasas, una mano en otra posición, un cuerpo inclinado hacia delante en lugar de hacia atrás… Para los lápices de esta página, sí, tuve que buscar referencias… No sabía dibujar lámparas de los años 30…

(4)

En cuanto a las tintas (5), que en este caso fueron digitales, las mayores diferencias son con respecto al layout, y sobretodo, en la posición de las cajas de texto, si no recuerdo mal, sugerencias, acertadas, por otra parte, de Fernando.

(5)

El siguiente ejemplo pertenece a “1937: La Toma de Málaga”, con guiones de Roberto Corroto. Esta página es, con diferencia, la que más costó de todo el cómic, debido a que apenas encontrábamos información sobre qué aviones debíamos meter; cuando cerrábamos el cerco en torno a un modelo de avión, en este caso, acabó siendo un CR-32, nos topábamos con que había distintos batallones, cada uno con sus propios logos; cuando decidíamos decantarnos por uno, encontrábamos informaciones que sugerían que podían ser aviones totalmente distintos.

Esto hizo que fuéramos posponiendo el dibujo, y luego el entintado de esta página durante semanas y semanas hasta que ya casi no teníamos más opción que lanzarnos a la piscina. Pero centrémonos en la creación estética de la página.

En el layout (6) vemos una primera gran viñeta en la que los CR-32 se abalanzan sobre un emplazamiento disparando a discreción. Inicialmente concebí la disposición de los aviones de manera que el ala superior del avión de arriba a la izquierda, junto con la del de arriba a la derecha formara un cerco, un marco sobre la otra zona caliente de la viñeta: el objetivo sobre el que están disparando.

(6)

Sobre este boceto, Roberto hizo una segunda versión (7) con un injerto para colocar el avión de la derecha en otra posición, pero esto no solo rompía mi idea de crear un marco visual para la parte superior de la viñeta, sino que rompía la línea direccional más fluida del primer boceto.

(7)

Volviendo a la posición original del avión, me hice este burdo boceto a escala en photoshop (8), con modelos 3d de un avión muy similar, que imprimí en A3 y calqué.

(8)

Aunque ese avión dichoso aún volvió a variar un poco (9).

(9)

No sé si fue idea de Roberto, mía, o algo que se sobreentendió por ambos, pero ahí estaba claro que fallaba algo: Ese avión estaba demasiado cruzado para la trayectoria que, por lógica, debían llevar, por lo que para cuando llegamos al proceso de entintado, ese avión había vuelto a cambiar, esta vez sí, para quedarse en su posición definitiva (10).

(10)

Por último, os dejo la página final con el color y la rotulación (11).

(11)

Como veis, la colaboración entre guionista y dibujante no se limita, ni debe hacerlo, en mi opinión, a la de un señor virtual que le pasa unas directrices a otro señor que interpreta cual instrucciones de IKEA con pelos y señales sin cuestionarse el porqué o la utilidad de ese tornillo sobrante.

De algo así, posiblemente salga un mueble cojo, o una estantería muy bonita cuyas lejas cedan al mínimo peso.

Por eso, lo importante es dar con el guionista justo con el que puedas entenderte, o con ese dibujante al que no tienes que dejarle todo extremadamente detallado porque confías en que va a saber resolver la página si le dejas la libertad suficiente.

Ten en cuenta que, en el mejor de los casos, vuestra colaboración no va a acabar en 5 páginas de dossier; hazte cargo de que puede que una editorial apueste por vuestro proyecto y salga adelante, y vais a tener que estar hablando entre vosotros cada día, enfrentando posiciones, luchando para que de ahí salga lo mejor posible…

Si la relación no es buena, o no hay entendimiento, si sufres cada página que haces con ese guionista, o sufres cada cambio u ocurrencia que te planta el dibujante… Si no consigues sentir ese proyecto como tuyo… ¿Cómo vais a aguantaros durante 6, 7, 8 meses, lo que dure la creación de la obra? ¿Cómo vais a soportaros en las presentaciones posteriores o sesiones de firmas? No os metáis a la ligera y si la cosa no funciona, haced por cambiarla, haced por que la otra parte entienda que no estás cómodo con el sistema; si aún así no se solventa, igual ese no es tu proyecto.

Y, como supongo que yo estoy aquí hoy para dar mi visión como dibujante, que es lo que he estado haciendo, os lanzo otro consejo: guionistas del mundo, aunque reitero que esto no son más que apreciaciones personales que pueden no solo no interesar a nadie, sino también, estar completamente erradas: cuidad a vuestr@s compañer@s de proyectos, respetadl@s; entended que vosotros, que habéis parido esa idea, que es vuestro guión, tenéis un vínculo emocional que el dibujante con quien vayáis a trabajar quizá aún no tenga. Para ti es importante, porque has pasado muchas noches escribiéndolo, porque tiene partes de tu propia vida, de tus experiencias…

Pero el dibujante llega a un guión como un elemento nuevo con el que no tiene ningún vínculo (más allá de que el guión le transmita algo, le emocione); si quieres que el dibujante lo sienta como suyo, y no solo como un trabajo más, hazle partícipe, propónle ideas, pregúntale qué opina, muéstrate abierto a sus sugerencias… En conclusión, sé respetuos@ y generos@ con el que hasta entonces era tu proyecto y que ahora debería ser de ambos; pero eso sí, exige de vuelta ese respeto y esa generosidad, porque una relación de guionista-dibujante, según la veo yo, solo funciona si es de igual a igual.

Y después de esta interminable disertación me despido humildemente de vosotr@s, seguramente para siempre, porque dudo que me vuelvan a invitar.

Román López-Cabrera.

www.romanlopezcabrera.com

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