Historieta larga vs. historieta corta

Hola. Soy Mannfred y hoy os voy a hablar sobre algunas diferencias entre la historieta corta y la historieta larga.

Ah, pero ¿tan diferentes son según su extensión?

Veamos, evidentemente cualquier historia, larga o corta, va a necesitar un guion y cualquier guion va a necesitar una estructura. En principio una estructura es algo tan sencillo como tener un plan: ¿dónde y cómo empieza? ¿Quiénes son mis personajes? ¿Qué les sucede y cómo resolvemos su historia de forma que el lector tenga una sensación de plenitud, de satisfacción? Así que tanto una historia larga como una corta contienen elementos comunes como los personajes, los diálogos y las acciones, el conflicto que da pie al relato…

Pero a la hora de plantear una historia corta debemos tener en cuenta la limitación que el formato nos está imponiendo. El conflicto se plantea muy rápidamente, tal vez en la primera o segunda página. Con la misma fluidez se presentará a los personajes, dando suficientes pistas como para interesarnos por ellos en poco tiempo. El nudo y el desenlace vienen a continuación. Aún pudiendo contar el relato a un ritmo pausado, la acción debe fluir. Si es que queremos acabar en unas pocas páginas.

Entonces ¿Qué crees que necesita una historia corta para funcionar?

Capacidad de síntesis, para empezar. Es evidente que en ocho o diez páginas va a ser muy complicado desarrollar un universo o unos personajes en su totalidad. Pero no es del todo imposible, si tenemos capacidad de síntesis. O dicho de otra manera, si sabemos sugerir más que explicar. Una de mis primeras historias cortas en ser publicadas, Laberinto, contaba con diez páginas. La premisa era la siguiente: un detective es contratado por un hombre adinerado, Arthur Finchley, para encontrar a su hermano, un intelectual cuya pista se pierde en un edificio propiedad de la familia en Harlem. Esta historia, por cierto, está basada en la historia real de los hermanos Collyer de Nueva York y que os invito a descubrir.

El caso es que durante esas diez páginas teníamos a dos personajes importantes, pero solo uno de ellos, el detective, estaba realmente presente en la historia. ¿Y el otro personaje, Walter, el hermano desaparecido? Lo que sabíamos de él era a través de sus escritos, que solo eran mencionados vagamente por el detective a medida que iba siguiendo su rastro por el edificio. Pero al mismo tiempo eran lo que marcaba el progreso del protagonista en las páginas centrales. No solo eso, daban pistas sobre la propia evolución de Walter Finchley aunque fuesen meras pinceladas. Sin necesidad de diálogos o transcripciones, solo mediante las reflexiones en off del protagonista.

Después de su publicación leí un comentario sobre esta historia que me dio mucho que pensar: un compañero guionista opinaba que las diez páginas se quedaban cortas para lo que podría dar de si esta premisa.

Fragmento de una página de Laberinto
Fragmento de una página de Laberinto

¿Y cómo te plantearías Laberinto si fuese un proyecto de larga extensión?

Una historia larga – pongamos, desde un álbum BD de 48 páginas hasta una novela gráfica de 120 o más – necesitará un trabajo previo de planificación, por lo general a través de una serie de pasos como las ideas iniciales, la sinopsis, el argumento o la escaleta. A ello le sumamos el trabajo de diseño de personajes, dándoles una personalidad definida que justifique su comportamiento en cada situación.

Con un gran número de páginas por delante tendremos margen para crear nuestro universo, nuestra visión sobre los temas que serán tratados, para elaborar diálogos y escenas de acción. Podremos incluso permitirnos combinar distintos tempos en la historia, variar el ritmo, entrar en profundidad en la temática…

Si hubiese tenido un mayor número de páginas por delante habría empezado por consolidar su argumento, teniendo clara su división en varios actos o los momentos en los que la trama da un vuelco en otra dirección. También habría descrito con cierto detalle a cada personaje, buscado documentación sobre época, localizaciones o personas. Y, por supuesto, estaría trabajando la temática de mi relato – como por ejemplo, si cruzar ciertos límites es buena idea aunque sea por un bien mayor – a través de los sucesos y los diálogos. Y teniendo en cuenta que Laberinto sucedía principalmente en el interior de un edificio y solo con un personaje en acción, tal vez me hubiese hecho esta pregunta: ¿funcionará si trabajo exclusivamente con un personaje o debería buscar la manera de introducir a otros en la historia?

Es decir, que todo eso que cuentas no se puede conseguir en una historia corta…

¡Ni mucho menos! Pero mientras en un formato largo puedes centrar tu atención en ciertos aspectos, en uno corto tendrás que decantarte por otros.  Tal vez tengas que trabajar muy bien la ambientación, o construir un relato mediante flashbacks, o introducir a un narrador o voz en off que guíe la lectura, o conseguir un final sorpresa o…

¿Final sorpresa? ¡Cuéntame más!

Yo pienso que a menudo un final sorprendente, sobre todo en el género fantástico o de terror, ayuda a conseguir una lectura satisfactoria cuando se trata de una historieta corta. Cierra la historia con un pequeño subidón, digamos.

No vale para todos los géneros ni para todas las historias, pero hay que tener algo en cuenta: en un guión de mayor extensión el desenlace ocupa las páginas finales, es el conjunto de escenas que ofrecen una resolución a lo que hemos contado antes. Un conjunto de escenas implica utilizar más de cuatro páginas para esta parte final, y eso en una historia corta va a ser bastante complicado.

Así que, en según qué casos, lograr un final impactante, abierto o cerrado, que pille al lector por sorpresa puede ser un buen recurso para mantener despierto el interés una vez que la experiencia de lectura ha concluido. Por otra parte, pienso que tal vez Laberinto hubiese tenido un desenlace aún mejor si fuese un álbum largo donde pudiera explayarme en dicha parte final.

Pero eso, amigos, es otra historia.

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